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Para aquellos no entendidos, tras el acrónimo SOMA se esconde Stephen O’Malley, ocupado músico que comparte con Mike Patton la capacidad de involucrarse incansablemente en múltiples proyectos y recibir odios y admiraciones por igual, y que en los últimos años se ha convertido en un icono de la música Metal y electrónica experimental (Ginnungagap, Khanate, Lotus Eaters), donde siempre ha sabido acompañarse de músicos con renombre dispuestos a formar parte de la vanguardia creativa del músico de Seattle.
Y aquí es donde entra el cantante de Mayhem, el húngaro Attila Csihar, que dejando de lado su legado dentro de la música extrema, tampoco es un principiante en esto de la electrónica. Desde formar parte del grupo de Industrial/Ambient Plasma Pool, transcurriendo por la última etapa de su proyecto Tormentor o a partir de sus incursiones en los discos de Sunn O))) y la presencia en los últimos conciertos de estos. Con todo, la extraña pareja deja de serlo y la unión puede fluir con mayor facilidad. En principio.
Una vez hechas las presentaciones, este disco ya se descubre como poco convencional y destinado a aquellos oídos preparados.
La faceta electrónico-minimalista de O’Malley se une a los registros vocales de Attila, que pasan de formar parte del paisaje sonoro a llevar la carga principal en unos cánticos propios de monjes gregorianos, lo que viene a reforzarse por la resonancia de la grabación que hace pensar en el interior de una catedral o quizá el de una cámara frigorífica. Un recinto frío y desolador como la fotografía que forma la portada.
Entre escasas variaciones en la estructura del tema que compone la obra, pocos son los momentos inspirados y, aunque lo suficientemente relajante y ambiental, se hace difícil mantener la atención sin caer en cierto pesadez.
No se trata de que esta unión no pueda dar gratos resultados, puesto que ambos músicos ya lo han demostrado no sólo por separado, sino también participando conjuntamente en un pasado no muy distante. El problema es quizá el de no haber sabido escoger el fragmento idóneo, debido a que originalmente esta composición estuvo concebida para servir de apoyo a una de las exposiciones del artista estadounidense Banks Violette, y este disco representa tan solo treinta tres minutos extraídos de una pieza de más de ocho horas. Es conveniente pensar que con un minutaje tan elevado había algo mejor, por que en caso contrario…
Un mantra de horror minimalista con una duración más que suficiente, pero que no alcanza a consumar las expectativas que ciertos nombres sugieren.